top of page

¿Se puede ser muy bueno sin tener un gran talento?

hace 3 días
6 min de lectura

Impartiendo la 1º Cápsula Formativa 2026 de la Federación Balear de Montañismo y Escalada sobre valoración de la fuerza isométrica máxima de músculos flexores de los dedos en escaladores.
Impartiendo la 1º Cápsula Formativa 2026 de la Federación Balear de Montañismo y Escalada sobre valoración de la fuerza isométrica máxima de músculos flexores de los dedos en escaladores.

Llevo más de veinte años trabajando en entrenamiento. Durante este tiempo he pasado por contextos muy diferentes, desde personas que buscaban mejorar su salud hasta deportistas de alto nivel y deportistas olímpicos. Objetivos, capacidades y circunstancias muy distintas que me han permitido conocer perfiles de todo tipo.


Después de tantos años hay una característica que encuentro con especial frecuencia entre quienes consiguen aprovechar en gran medida sus posibilidades: la capacidad de trabajo. Y no me refiero simplemente a entrenar mucho. Hablo de constancia, compromiso, atención a los detalles y, especialmente, de ser capaz de sostener todo esto a largo plazo. De continuar cuando las cosas van bien, pero también cuando falta motivación, los resultados tardan en llegar o las circunstancias obligan a cambiar los planes.


Por supuesto, el talento importa. Sería absurdo negar que para alcanzar determinados niveles deportivos hacen falta unas condiciones que no todo el mundo posee. Pero una cosa es disponer de unas capacidades excepcionales y otra muy diferente conseguir desarrollarlas hasta su máxima expresión.


Precisamente, una de las cosas más interesantes de mi trabajo ha sido encontrarme con situaciones muy diferentes: deportistas extraordinariamente dotados que parecían avanzar con enorme facilidad; otros con un talento similar que nunca llegaron a desarrollarlo plenamente; y personas que, sin destacar inicialmente por sus condiciones, terminaron alcanzando niveles que años atrás habría sido difícil imaginar.



Cuando el talento facilita el camino

Hay deportistas que desde muy pronto muestran una facilidad especial. Aprenden rápido, responden muy bien al entrenamiento y consiguen resultados que a otros les exigen mucho más esfuerzo. Las diferencias individuales existen y, en algunos casos, son enormes.


He trabajado con personas capaces de alcanzar un nivel deportivo muy elevado sin haber necesitado una dedicación extraordinaria. Sus condiciones de partida les permitían rendir por encima de la mayoría incluso teniendo un amplio margen de mejora.


El escenario cambia cuando ya no se trata simplemente de ser bueno, sino de destacar entre otros deportistas igualmente dotados. Llegados a ese punto, el talento por sí solo puede no ser suficiente. Cuando esas capacidades se acompañan de una enorme disposición para trabajar y mejorar, aparecen algunos de esos deportistas capaces de sobresalir incluso entre los mejores. Es probablemente esa combinación la que permite llevar un talento excepcional hasta su máxima expresión.



"He trabajado con personas capaces de alcanzar un nivel deportivo muy elevado sin haber necesitado una dedicación extraordinaria"



Cuando el talento no sobra

Profesionalmente siempre me ha resultado igual o incluso más interesante observar lo que ocurre en el extremo contrario: personas que inicialmente no parecían especialmente dotadas para su deporte, a las que les costaba más progresar, necesitaban más tiempo para desarrollar determinadas habilidades o sencillamente no destacaban cuando comenzaron y que, años después, terminaron convirtiéndose en deportistas realmente buenos.


No hablo de que cualquiera pueda llegar a la élite a base de esfuerzo. Eso sería simplificar una realidad mucho más compleja. Hablo fundamentalmente del deporte amateur y de personas que han alcanzado niveles que probablemente parecían muy lejanos al comienzo. Detrás de esos casos nunca encontré una fórmula secreta. Más bien todo lo contrario. Lo habitual ha sido encontrar muchos años haciendo bien una gran cantidad de cosas bastante sencillas: entrenar con regularidad, descansar adecuadamente, cuidar la alimentación, organizarse, escuchar, aprender, equivocarse y corregir. Cada una de esas acciones tiene un efecto limitado cuando se contempla de manera aislada. Su verdadero valor aparece cuando se acumulan durante mucho tiempo.



La constancia no necesita motivación permanente

Las personas más constantes no son necesariamente aquellas que siempre tienen ganas de entrenar. También se cansan, tienen semanas malas, atraviesan periodos de mayor estrés y deben compatibilizar el deporte con obligaciones laborales, familiares y personales. Hay días en los que entrenar tampoco les apetece. Lo que cambia es la forma de actuar ante esas situaciones.


Cuando existe motivación, tiempo disponible y los resultados acompañan, cumplir suele ser relativamente fácil. El reto aparece cuando alguna de esas condiciones desaparece. Es entonces cuando se aprecia especialmente la diferencia entre depender de las ganas del momento y mantener el compromiso con un objetivo a largo plazo. Esto tampoco significa seguir adelante a cualquier precio. Reducir una sesión cuando existe demasiada fatiga, reorganizar una semana complicada o descansar cuando realmente hace falta también forman parte del entrenamiento.


Desde mi perspectiva como entrenador, la constancia no consiste en cumplir ciegamente una planificación, sino en saber distinguir entre aquello que necesita ser modificado y aquello que simplemente cuesta hacer ese día.



"Las personas más constantes no son necesariamente aquellas que siempre tienen ganas de entrenar"



«Por un día no pasa nada»

Esta es una frase que he escuchado innumerables veces. Y, tomada literalmente, es completamente cierta. Por faltar un día al entrenamiento no pasa nada. Tampoco por comer peor, dormir poco una noche o tener una semana en la que no se puede cumplir todo lo previsto. Ninguno de esos acontecimientos tiene suficiente importancia para determinar por sí solo el resultado de una preparación de varios años. La cuestión es qué ocurre cuando el «por un día no pasa nada» deja de ser una excepción y se convierte en una forma habitual de justificar pequeñas renuncias.


Quienes consiguen resultados sólidos suelen entender bastante bien esta diferencia. No necesitan hacerlo todo perfectamente ni dramatizan cuando algo no sale según lo previsto, pero tampoco pierden de vista que muchas decisiones aparentemente insignificantes dejan de serlo cuando se repiten con frecuencia.


Ese cambio de perspectiva me parece fundamental: no valorar cada decisión únicamente por lo que supone ese día, sino por el hábito que contribuye a construir.



Los grandes cambios necesitan tiempo

Es relativamente fácil encontrar personas capaces de entrenar con una enorme dedicación durante unas semanas o unos meses. Un nuevo objetivo, una competición o simplemente una etapa de gran motivación pueden hacer que alguien esté dispuesto a hacerlo prácticamente todo. Mantenerlo es otra historia.


Cuando pienso en algunos de los mayores cambios que he presenciado como entrenador, rara vez encuentro detrás unos pocos meses extraordinarios. Encuentro años de trabajo razonablemente bien hecho. Por supuesto, durante ese tiempo ha habido etapas mejores y peores. Lesiones, vacaciones, cambios laborales, problemas personales, temporadas con mayor disponibilidad y otras en las que apenas era posible mantener lo básico. Una trayectoria deportiva larga nunca es una línea recta.


Por eso me interesa mucho más la continuidad que los periodos breves de dedicación extrema. Entrenar a muerte durante tres o cuatro meses puede producir mejoras importantes, pero las grandes transformaciones requieren otra escala temporal.


Una sesión extraordinaria tiene un efecto limitado. La suma de cientos de sesiones suficientemente buenas puede transformar por completo a un deportista.



"Una sesión extraordinaria tiene un efecto limitado. La suma de cientos de sesiones suficientemente buenas puede transformar por completo a un deportista"



No todos llegan de la misma manera

Todo esto me ha llevado a ser mucho más prudente a la hora de valorar anticipadamente hasta dónde puede llegar un deportista.


Los límites existen. El techo de una persona puede no ser el mismo que el de alguien excepcionalmente dotado, independientemente del trabajo que llegue a realizar. Lo difícil es saber dónde se encuentra realmente ese techo, especialmente cuando alguien acaba de empezar.


Una persona puede no destacar especialmente hoy y ser completamente diferente dentro de cinco o diez años. El rendimiento actual muestra el punto en el que se encuentra, pero no necesariamente hasta dónde puede llegar.



Trabajando con el grupo de entrenamiento de verano en el Rocódromo Es Cau - Palma de Mallorca
Trabajando con el grupo de entrenamiento de verano en el Rocódromo Es Cau - Palma de Mallorca

Aprender a trabajar

Además, hay algo que a veces se olvida: saber trabajar también se aprende.


Con el tiempo, algunos deportistas mejoran su capacidad para organizarse, gestionar los momentos difíciles y aceptar que no todas las sesiones salen bien ni todas las etapas producen los resultados esperados. Sobre todo, aprenden a evitar una dinámica especialmente limitante: alternar periodos de enorme dedicación con otros de prácticamente total abandono. Cada regreso obliga a recuperar parte de lo perdido antes de poder seguir avanzando.


Aprender a alejarse de ese «todo o nada» permite asumir que la dedicación no será siempre la misma. Habrá etapas para hacer más y otras para hacer menos, sin que cada cambio implique volver a empezar desde cero.



¿Hasta dónde puede llegar un deportista? Una reflexión final

Después de más de veinte años dedicándome profesionalmente al entrenamiento, cada vez soy más prudente a la hora de juzgar el potencial de un deportista. El talento importa, especialmente cuando se pretende alcanzar niveles muy elevados, pero saber de antemano hasta dónde puede llegar una persona es mucho más difícil.


Si algo he aprendido es a no confundir demasiado pronto el nivel que alguien tiene en un momento determinado con aquello que puede llegar a conseguir. Las condiciones iniciales pueden marcar diferencias importantes, pero no cuentan toda la historia.


Al final, el talento condiciona las posibilidades, el trabajo permite desarrollarlas y solo el tiempo termina mostrando hasta dónde podía llegar cada deportista.


Y tú, ¿sabes realmente hasta dónde puedes llegar?

Comentarios


bottom of page