top of page

Ser mejor escalador no siempre implica hacer más grado

13 ago
6 min de lectura

Durante muchos años pensé que mejorar consistía simplemente en hacer más grado. Soy de Menorca, una isla con poco más de 300 vías equipadas. Allí, cuando empiezas a moverte con cierta comodidad en un grado, las opciones se reducen muy rápido. Sin darte cuenta, acabas dedicando casi todas tus sesiones a proyectos cada vez más difíciles, porque ya has escalado prácticamente todas las vías que estaban dentro de tu nivel.


Menorca · Sector Jamaica (Cavalleria) · "Pitufo Autista"
Menorca · Sector Jamaica (Cavalleria) · "Pitufo Autista"


Eso fue exactamente lo que me pasó. Llegué a encadenar 7c y 7c+, y durante mucho tiempo pensé que eso significaba que estaba convirtiéndome en un mejor escalador, pero había algo que no terminaba de cuadrar.


Después podía meterme en un 6c a vista y escalar realmente mal. Incluso era relativamente habitual que me cayera en ese grado. Mis encadenes más duros llegaban después de muchísimos intentos y, sin embargo, no me sentía cómodo escalando vías bastante más fáciles. Había conseguido subir mi grado, pero todavía me faltaban muchas herramientas para desenvolverme con soltura en la roca.



Cuando me mudé a Mallorca todo cambió

De repente tenía cientos de vías nuevas a mi alcance. Dejé de pensar únicamente en el proyecto y me propuse escalar todo lo posible. Durante prácticamente un año, la inmensa mayoría de las vías que hice estaban muy por debajo de mi grado máximo. Me daba exactamente igual meterme en un 6b, un 6c o cualquier otra vía que me llamara la atención.

Simplemente quería escalar.


Estoy convencido de que en el tiempo que llevo viviendo en Mallorca he escalado más vías que durante todos los años anteriores escalando en Menorca. Y fue precisamente ahí cuando entendí una de las lecciones más importantes que me ha dado la escalada: la experiencia sobre la roca construye mejores escaladores.


No porque escales muchas vías sin más, sino porque cada una de ellas añade una herramienta nueva a tu repertorio.



Cada vía tiene algo que enseñarte

Da igual que sea un 6a, un 6c o un 7b. Cada vía tiene un estilo diferente, una secuencia distinta, una forma concreta de mover el cuerpo, de gestionar el equilibrio, de colocar los pies, de respirar o de interpretar la roca. Cada una amplía nuestro repertorio de movimientos.


Ese repertorio es el que, tarde o temprano, utilizaremos cuando nos enfrentemos a un proyecto más duro.

Pero no se trata solo de sumar vías. También importa que sean diferentes entre sí. Placas, desplomes, regletas, agujeros, fisuras, movimientos largos, técnicos, explosivos o de continuidad. Cada estilo te obliga a resolver problemas distintos y amplía tu repertorio como escalador.


Muchas veces resolvemos un paso difícil porque, sin darnos cuenta, ya habíamos vivido una situación parecida en una vía mucho más fácil.


Cuanta más experiencia acumules sobre la roca y cuantos más estilos diferentes escales, más herramientas tendrás para resolver problemas nuevos.


Muchas veces asociamos mejorar con encadenar un grado más alto. Pero creo que eso es quedarse con una parte muy pequeña de lo que significa progresar. Un mejor escalador no es solo el que ha hecho una vía más difícil. También es el que necesita menos intentos para resolver una vía, el que escala con más fluidez, el que lee mejor la roca, toma mejores decisiones y es capaz de adaptarse a estilos muy diferentes. Porque no es lo mismo hacer un 7b después de cuarenta intentos que resolverlo en cinco. Tampoco es lo mismo tener un 8a encadenado y después sufrir o caerse repetidamente en vías dos o tres grados por debajo, que moverte con comodidad y eficiencia en todo ese rango de dificultad. El grado máximo es un dato. La calidad con la que escalas es otra historia.



Escalar fácil no significa escalar sin aprender

Hay una diferencia enorme entre hacer una vía y escalarla bien. Muchas veces encadenamos una vía porque conseguimos resolver sus movimientos, pero lo hacemos utilizando más fuerza de la necesaria, respirando mal o improvisando en algunos pasos.


Si la repitiésemos intentando movernos con más precisión, respirar mejor, gestionar el ritmo o utilizar menos fuerza, descubriríamos que todavía queda mucho por mejorar.


Una vía no deja de enseñarte porque la hayas encadenado. Muchas veces empieza a enseñarte precisamente después del encadene.



Repetir también es entrenar

Personalmente, hay muchas vías que, después de encadenarlas en dos o tres intentos, vuelvo a hacer.

No para comprobar si puedo volver a encadenarlas, sino para intentar escalarlas mucho mejor.


Busco moverme con más fluidez, cometer menos errores, encontrar mejores reposos, controlar mejor la respiración y sentir que cada movimiento sale con naturalidad.


Cuando una vía deja de ser una lucha y empieza a sentirse fácil, normalmente significa que has aprendido algo. Y ese aprendizaje es el que, más adelante, terminará apareciendo en proyectos de mayor dificultad. Porque el objetivo no debería ser únicamente encadenar una vía, también debería ser escalarla cada vez mejor.


Escalando en Albarracín - España
Escalando en Albarracín - España

Las vías fáciles también tienen su sitio

Esto no significa que tengas que dejar de proyectar. Ni mucho menos. Pero sí creo que merece la pena reservar tiempo para vías que estén claramente por debajo de tu nivel.


Por ejemplo, el día que vas a intentar un proyecto puede ser una buena estrategia calentar en una o dos vías sencillas del sector antes de meterte en él. Además de preparar el cuerpo, seguirás acumulando experiencia sobre la roca, ganarás confianza y tendrás la oportunidad de afinar tu técnica desde el principio de la sesión.


También puede haber días en los que decidas no centrarte en un proyecto y simplemente escalar. Acumular metros, probar estilos diferentes y disfrutar del movimiento. Muchas veces esas sesiones, aparentemente menos importantes, terminan siendo las que más hacen crecer a un escalador.


Lo importante es no olvidar que esas vías fáciles también forman parte del entrenamiento.



Deja el ego en casa

Creo que este es uno de los mayores errores que cometemos los escaladores. Nos cuesta meternos en una vía varios grados por debajo del máximo porque sentimos que "esa vía debería salir fácil". Y si no sale nos preocupa que nos vea la gente, que piensen que escalamos menos de lo que decimos, que nos caigamos en un grado que "no nos corresponde".


Pero la roca no entiende de ego. Puedes caerte en un 6a, en un 7a o en un 8a. Y, de hecho, muchas veces una caída en una vía fácil puede enseñarte más que el encadene de una vía muy dura.



Una reflexión personal

Antes de terminar, me gustaría hacer una aclaración. Todo lo que he contado en este artículo nace de mi propia experiencia y de cómo cambió mi forma de entender la escalada cuando empecé a acumular muchas más horas sobre la roca. No creo que exista una única manera de mejorar, ni que todo el mundo deba entrenar o escalar igual. De hecho, creo que esta reflexión puede ser especialmente útil para escaladores con un nivel bajo o intermedio, o para quienes todavía están construyendo su experiencia en roca. En esa etapa, cada vía suma. Cada estilo aporta herramientas nuevas. Y el tiempo escalando tiene un valor enorme.


A medida que aumentan los años de experiencia y el nivel, es posible que ese equilibrio cambie. Un escalador con un bagaje muy amplio probablemente necesite dedicar una mayor parte de su tiempo al trabajo específico de sus proyectos o de las capacidades que limitan su rendimiento.


Por eso no pretendo presentar esto como una regla universal, sino como una reflexión que, en mi caso, marcó un antes y un después y que quizá pueda ayudar a otros escaladores que se encuentren en una situación parecida.



No todo consiste en hacer más grado

Hacer más grado es una consecuencia. El verdadero objetivo debería ser convertirse en un mejor escalador y eso no solo significa alcanzar un número más alto en la libreta. Significa resolver las vías con menos intentos, escalar con mayor eficiencia, ampliar tu repertorio de movimientos, leer mejor la roca y ser capaz de adaptarte a cualquier estilo.


Paradójicamente, muchas veces la mejor forma de conseguirlo no es buscar una vía más difícil. Es escalar mucho, es escalar muchos estilos, escalar vías que no te obliguen a ir siempre al límite, escalar hasta que los movimientos dejen de ser un problema y se conviertan en algo natural.


Al final, el grado máximo habla de una vía. La forma en la que escalas habla del escalador que eres. Y, para mí, esa es la diferencia realmente importante.


Gran parte de lo que hoy hago con naturalidad no lo aprendí en mis proyectos más duros. Lo aprendí acumulando experiencia en cientos de vías diferentes, muchas de ellas muy por debajo de mi grado máximo.


Desde entonces intento recordarme algo cada vez que voy a escalar: cada vía puede enseñarme algo, independientemente del número que aparezca en la guía.


1 comentario


Muy muy de acuerdo con esa reflxión mafrén.

El que cae, aprende!

Me gusta
bottom of page