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¿Por qué entrenar para escalar?

27 ago
7 min de lectura
Imagen ilustrativa creada con inteligencia artificial por OpenAI. Representación ficticia de mensajes promocionales relacionados con el entrenamiento en escalada.
Imagen ilustrativa creada con inteligencia artificial por OpenAI. Representación ficticia de mensajes promocionales relacionados con el entrenamiento en escalada.

En las redes sociales de algunos entrenadores o fisioterapeutas especializados en escalada es bastante habitual encontrarnos con mensajes del tipo: «¿Quieres llegar al octavo grado?» o «¿Quieres hacer 8a sin lesionarte?». Son lo que en marketing se conoce como un «hook» o "gancho": mensajes diseñados para captar la atención de potenciales clientes y que seguramente cumplen muy bien esa función, porque a casi todos nos gustaría escalar más y, por supuesto, hacerlo sin lesionarnos. El problema aparece cuando ese gancho deja de ser simplemente una forma de llamar nuestra atención y empieza a presentar como resultado esperable —o incluso implícitamente garantizado— algo que depende de muchos más factores que el propio entrenamiento.


Nuestra filosofía al respecto es que se debería ser un poco más cuidadosos con este tipo de mensajes. Entrenar puede ayudarnos a mejorar como escaladores, pero empezar un plan de entrenamiento no significa automáticamente que vayamos a alcanzar un determinado grado, del mismo modo que seguir una planificación estructurada no significa que podamos garantizar que no vaya a producirse una lesión.


Una buena planificación puede ayudarnos a gestionar mejor las cargas, controlar la fatiga y adaptar el entrenamiento a la respuesta del deportista, y con ello intentar reducir determinados factores de riesgo (además de esto habría que poner que incluir en el programa de entrenamiento sesiones para el desarrollo de la fuerza general está demostrado que reduce la posibilidad de lesión por sobrecarga). Dicho esto, igualmente hay que tener en cuenta que si queremos mejorar nuestro rendimiento, inevitablemente vamos a exponernos a estímulos y cargas cada vez mayores, tanto entrenando como escalando en roca. Esa exposición forma parte del proceso y el riesgo de lesión nunca desaparece por completo. En Nest creemos que una planificación debería entenderse como una herramienta para orientar el proceso, desarrollar determinadas capacidades y gestionar mejor las cargas, no como una garantía de alcanzar un grado concreto o de hacerlo sin lesionarnos.


Además, consideramos que el grado no tiene que ser siempre el principal motivo para entrenar.



 ¿Seguir un plan de entrenamiento garantiza subir de grado?

Depende. Antes de plantearnos qué podemos conseguir con un entrenamiento, primero habría que conocer al escalador. ¿Cuánto tiempo lleva escalando? ¿Cuál es su experiencia en roca? ¿Cuántos días puede escalar? ¿Cuáles son sus capacidades físicas? ¿Cómo se mueve? ¿Qué le está limitando realmente?


Quizá necesita mejorar su fuerza de dedos. Pero también puede tener unas capacidades físicas suficientes y que sus principales limitaciones sean técnicas, tácticas, estratégicas o psicológicas. O simplemente puede necesitar más horas de escalada y más experiencia sobre la roca. También tenemos que aceptar que no todas las personas tienen el mismo potencial para alcanzar determinados niveles de rendimiento. Hay personas para las que alcanzar el octavo grado será relativamente accesible y otras para las que supondrá un proceso mucho más largo y exigente. Incluso habrá escaladores que, por diferentes circunstancias y características individuales, quizá nunca lleguen a ese grado, por mucho que sigan una buena planificación.


 El entrenamiento puede ayudarnos a desarrollar nuestro potencial, pero no puede garantizar que todas las personas alcancemos el mismo nivel de rendimiento.


Además, puede ocurrir que el objetivo sea razonable a largo plazo, pero que la disponibilidad actual del deportista no sea compatible con conseguirlo en el tiempo que pretende. Por eso es que debemos diferenciar entre tener un objetivo y poder garantizar un resultado.


Un entrenador puede ayudarte a establecer objetivos, orientar el proceso y crear una planificación acorde a tus necesidades, pero el resultado dependerá de muchos factores.



¿Todos los escaladores necesitan entrenar para hacer 8a?

Otra idea que escuchamos bastante es que para alcanzar determinados grados es imprescindible seguir una planificación estructurada. Sin embargo, la realidad que vemos en la roca demuestra que no siempre es así.

Hay escaladores que han llegado al octavo grado sin haber seguido una planificación específica de entrenamiento. Han acumulado años de experiencia, probado cientos de vías y se han enfrentado progresivamente a dificultades mayores. Esa exposición mantenida en el tiempo también puede generar adaptaciones.


Es bastante lógico: si progresivamente nos exponemos a vías y movimientos cada vez más exigentes, nuestro cuerpo tendrá que responder y adaptarse a esas nuevas demandas. Para algunos escaladores, este proceso puede ser suficiente para alcanzar niveles de rendimiento relativamente altos.


Pero no todos partimos del mismo lugar ni tenemos el mismo potencial. Simplificando mucho, podríamos encontrarnos con tres situaciones diferentes: personas con unas características que les permiten alcanzar niveles altos de rendimiento con relativa facilidad; otras que también pueden llegar a esos niveles, pero necesitarán mucho más tiempo y trabajo; y otras para las que determinados niveles de rendimiento quizá no sean alcanzables.


A esto se suma que no a todos nos funciona igual la misma forma de progresar. Hay escaladores a los que simplemente escalar, acumular experiencia y aumentar progresivamente la dificultad les funciona muy bien. Otros pueden llegar a un punto en el que necesitan un trabajo más específico y estructurado para continuar desarrollando determinadas capacidades.


Es aquí donde una planificación puede resultar especialmente útil. Nos permite hacer más eficiente el proceso de mejora, orientar el desarrollo de determinadas capacidades hacia un momento concreto y gestionar mejor las cargas y la fatiga para intentar reducir el riesgo de lesión.


Por tanto, no se trata de decidir si entrenar es imprescindible o no para alcanzar un determinado grado. Se trata de entender qué necesita cada escalador para acercarse a su potencial y qué herramientas pueden ayudarle durante ese proceso.



Entonces, ¿por qué entrenar?

 Una planificación nos permite dirigir el proceso con mayor intención, organizar mejor nuestro tiempo y dedicar trabajo específico a aquello que queremos desarrollar. Los motivos para entrenar pueden ser diferentes para cada escalador, pero hay algunas situaciones en las que una planificación puede resultar especialmente útil.


Imagen de trabajo analítico de flexores de los dedos con sensores de carga.
Imagen de trabajo analítico de flexores de los dedos con sensores de carga.

Para aprovechar mejor tu disponibilidad

No todos tenemos la posibilidad de ir a escalar a roca cuatro o cinco días por semana. Trabajo, familia, desplazamientos, meteorología, horarios... Para muchos escaladores, la roca queda reservada para uno o dos días concretos de la semana.


En ese contexto, podemos utilizar el resto de nuestra disponibilidad para trabajar en el rocódromo determinadas capacidades y complementar nuestros días de escalada en roca. Una planificación nos permite organizar todo ese trabajo teniendo en cuenta cuáles son nuestras prioridades.


Si nuestro día importante es el sábado, por ejemplo, podemos distribuir las sesiones durante la semana de manera que el trabajo realizado nos permita seguir progresando sin llegar a ese día con una fatiga excesiva.


No se trata simplemente de llenar todos los días disponibles con sesiones, sino de decidir qué queremos trabajar, cuándo hacerlo y cómo encajarlo dentro de nuestra semana.



Para trabajar específicamente sobre tus necesidades

Una de las principales ventajas de una planificación es que nos permite identificar qué aspectos pueden estar limitando nuestro rendimiento y dedicarles un trabajo específico.


Una valoración puede ayudarnos a obtener una imagen más completa del deportista. Podemos observar cómo escala, conocer su experiencia, analizar los estilos a los que suele exponerse y valorar determinadas capacidades físicas, como la fuerza de los flexores de los dedos, la fuerza de tracción o la resistencia.


A partir de ahí podemos decidir dónde merece la pena invertir nuestro tiempo. Para una persona puede ser necesario mejorar la fuerza de los flexores de los dedos; para otra, desarrollar su resistencia; mientras que otra quizá tenga unas capacidades físicas suficientes y necesite dedicar más tiempo al desarrollo técnico, táctico y estratégico o exponerse a estilos que normalmente evita.


Además, una planificación nos permite controlar y progresar ese trabajo con mayor precisión, ajustando el volumen, la intensidad y la dificultad a medida que el deportista se adapta.


La ventaja de planificar es precisamente esa: poder priorizar aquello que realmente necesita cada escalador en un momento determinado y organizar el trabajo para desarrollarlo.



Para reducir el riesgo de lesión

Una planificación bien estructurada también puede ayudarnos a reducir determinados factores de riesgo de lesión. El trabajo de fuerza, una exposición progresiva a las cargas y el desarrollo de las capacidades necesarias para afrontar las demandas de la escalada pueden contribuir a que el deportista esté mejor preparado para tolerarlas.


 Peso muerto tradicional.
Peso muerto tradicional.

Además, podemos organizar las cargas, gestionar la fatiga y respetar los tiempos de recuperación, adaptando el trabajo según la respuesta del deportista.


El objetivo es intentar minimizar y gestionar el riesgo de lesión, sabiendo que nunca podremos eliminarlo por completo.



Una planificación puede acelerar el proceso, pero cada deportista tiene sus tiempos

Una de las ventajas de una planificación bien estructurada es que puede hacer más eficiente el proceso de mejora. Si identificamos qué necesita el deportista, dirigimos el trabajo hacia esas necesidades y ajustamos adecuadamente las cargas, probablemente podamos progresar más rápido que si simplemente entrenamos o escalamos sin una estructura clara.


Pero eso no significa que podamos acelerar el proceso de forma ilimitada. Cada deportista tiene su propia curva de aprendizaje y adaptación, condicionada por su experiencia, sus capacidades, su disponibilidad y muchos otros factores.

Además, la escalada es un deporte complejo. Podemos mejorar nuestra fuerza o resistencia relativamente rápido y, aun así, necesitar mucho más tiempo para aprender a utilizar esas capacidades mientras escalamos. La técnica, la táctica y la estrategia, la lectura de las vías, la gestión del esfuerzo o el repertorio de movimientos se desarrollan, en gran parte, acumulando experiencias y horas de escalada.


Por eso, una buena planificación puede ayudarnos a acortar tiempos y hacer el proceso más eficiente, pero siempre dentro de los márgenes de adaptación y aprendizaje de cada deportista. La planificación no elimina esos tiempos: intenta aprovecharlos mejor.


Conclusión

Entrenar no debería entenderse como una garantía de alcanzar un determinado grado, sino como una herramienta para intentar sacar el máximo partido a nuestro potencial.


Una buena planificación puede ayudarnos a dirigir mejor el proceso, aprovechar nuestro tiempo y trabajar sobre nuestras necesidades, pero siempre entendiendo que cada escalador parte de un lugar diferente y tendrá su propio proceso de adaptación y aprendizaje.


Al final, no se trata simplemente de entrenar más, sino de entender qué necesitamos y darle un sentido al trabajo que hacemos.




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