Medición de la fuerza isométrica máxima de agarre en escaladores: ¿Qué hay que saber? (Parte 3). Tipos de acciones isométricas, tirar hacia arriba o hacia bajo.
- Pablo A. Escobar

- 15 jun
- 8 min de lectura
Actualizado: 7 jul
En las dos primeras partes de esta serie hemos analizado algunos de los factores que pueden modificar los resultados obtenidos durante una valoración de la fuerza isométrica máxima de agarre en escaladores.
Hemos visto que variables como el tipo de agarre utilizado, la profundidad de la regleta, la posición corporal o las características del protocolo empleado pueden influir significativamente sobre los datos obtenidos y, por tanto, sobre la interpretación posterior de los mismos. Además de lo anterior, existen otros aspectos metodológicos que también tienen una influencia importante sobre el proceso de evaluación.
En la entrada de hoy hablaremos del tipo de acción isométrica que estamos valorando y la dirección en la que se aplica la fuerza durante el test. Analizaremos ambos conceptos por separado para comprender mejor qué estamos midiendo realmente y por qué determinados protocolos son más habituales que otros en el ámbito de la escalada.

PIMA y HIMA: dos formas de entender una contracción isométrica
Tradicionalmente la fuerza isométrica se ha considerado como una única manifestación de fuerza caracterizada por la ausencia de movimiento articular visible. Sin embargo, durante las últimas décadas algunos autores, especialmente Laura Schaefer y Frank Bittmann, han propuesto diferenciar dos formas de expresar este tipo de acción muscular: la PIMA (Pushing Isometric Muscle Action) y la HIMA (Holding Isometric Muscle Action). Aunque ambas se desarrollan sin movimiento articular apreciable, su principal diferencia no reside en los grupos musculares que participan en la acción, sino en la intención mecánica del esfuerzo.
La PIMA hace referencia a situaciones en las que el sujeto intenta vencer o desplazar una resistencia fija. Aunque no exista desplazamiento observable, la intención es generar la máxima fuerza posible para mover una carga que no puede desplazarse. Desde una perspectiva funcional, este tipo de acción presenta ciertas similitudes con una contracción concéntrica.
Por el contrario, la HIMA describe situaciones en las que el objetivo principal consiste en mantener una posición frente a una carga externa que intenta desplazar al sujeto. En este caso la intención no es vencer la resistencia, sino impedir que se produzca movimiento. Funcionalmente suele presentar algunas características más próximas a las observadas durante acciones excéntricas y, además, diversos estudios han descrito una mayor fatigabilidad, es decir, la incapacidad de mantener la acción durante el mismo tiempo que una PIMA realizada a una intensidad relativa equivalente.
Esta diferenciación continúa siendo objeto de debate y no está exenta de limitaciones conceptuales y metodológicas. De hecho, en muchas situaciones reales resulta difícil encontrar acciones puramente PIMA o puramente HIMA, ya que la ejecución suele involucrar estrategias neuromusculares más complejas que no siempre encajan completamente en una única categoría. Aun así, esta clasificación constituye un marco conceptual útil para interpretar diferentes tareas isométricas utilizadas tanto en investigación como en el entrenamiento.
En el contexto específico de la escalada conviene aclarar un aspecto que con frecuencia genera confusión. Cualquier acción en la que el escalador tire de una regleta fija intentando desplazarla —ya sea mediante la participación exclusiva de los flexores de los dedos o utilizando además la musculatura del antebrazo, brazo, hombro y tronco para incrementar la fuerza aplicada— continúa respondiendo, desde un punto de vista teórico, a una acción de tipo PIMA. Es decir, la clasificación depende de la intención mecánica de la tarea y no del número de grupos musculares implicados en su ejecución. Lo que sí puede variar entre unos protocolos y otros es el grado de aislamiento de la musculatura que se pretende evaluar. Si el objetivo consiste en analizar específicamente la capacidad de los flexores de los dedos, resulta necesario limitar, en la medida de lo posible, la contribución del resto del miembro superior mediante sistemas de estabilización, como la fijación parcial del codo u otros dispositivos similares. Estos procedimientos no modifican la naturaleza PIMA de la tarea, sino que simplemente permiten que la producción de fuerza dependa en mayor medida de la musculatura que se pretende estudiar. Este tipo de aproximaciones tiene especial interés en investigación, donde el control de las variables experimentales constituye un requisito fundamental.
Por el contrario, las acciones de tipo HIMA se aproximan mejor a aquellas tareas cuyo objetivo principal consiste en sostener una carga relativamente constante sin intentar desplazarla, como ocurre durante las suspensiones en regleta (con o sin lastre) o al mantener una carga mediante un determinado tipo de agarre.
En este contexto también conviene matizar el uso de los términos overcoming isometrics y yielding isometrics. Desde un punto de vista conceptual, ambos términos pueden considerarse equivalentes, respectivamente, a las acciones PIMA y HIMA. Sin embargo, en el ámbito del entrenamiento de escaladores el término overcoming suele emplearse para hacer referencia a la intención de "cerrar" o flexionar activamente los dedos durante el ejercicio. Esta interpretación puede inducir a confusión, ya que la característica que define una acción PIMA no es la intención específica de flexionar los dedos, sino la intención de desplazar una resistencia fija. En consecuencia, tirar de una regleta intentando moverla constituye una acción de tipo PIMA (u overcoming isometrics), con independencia de la estrategia motora empleada para generar la fuerza.
¿Qué manifestación de la fuerza isométrica ocurre realmente en la escalada?
Si analizamos la escalada desde una perspectiva biomecánica resulta evidente que ambas manifestaciones están presentes. Durante una misma vía o bloque el escalador puede encontrarse en situaciones donde intenta generar activamente fuerza para desplazar el cuerpo, mientras que en otras ocasiones simplemente intenta evitar que la gravedad le saque de una posición determinada. Por este motivo no sería correcto afirmar que la escalada es exclusivamente HIMA o exclusivamente PIMA. Sin embargo, cuando observamos la actividad de forma global parece razonable pensar que existe un predominio funcional de acciones tipo HIMA. En gran parte del tiempo el escalador no intenta mover una carga externa, sino resistir la acción de su propio peso corporal y mantener una posición estable sobre las presas.

Si el objetivo de un test es reproducir de forma razonable las demandas específicas del deporte y, sabiendo que el obtendremos un resultado que explica mejor el rendimiento deportivo tirando de un agarre ayudándonos de todo del cuerpo que solo con una acción de tipo PIMA, es lógico que muchos entrenadores y preparadores físicos se inclinen por protocolos de este tipo. Además, desde un punto de vista práctico suelen ser protocolos intuitivos para el escalador, relativamente fáciles de ejecutar y capaces de generar valores elevados de producción de fuerza.
Gran parte de los protocolos utilizados actualmente no encajan perfectamente dentro de ninguna de las dos categorías propuestas originalmente, por lo que probablemente resulte más adecuado interpretarlos como tareas mixtas con distintos grados de proximidad a la HIMA y a la PIMA
Tirar hacia arriba o tirar hacia abajo
Una vez aclarada las cuestiones anteriores aparece una segunda pregunta que suele generar dudas entre entrenadores, escaladores y fisioterapeutas: ¿es mejor realizar el test tirando hacia arriba o tirando hacia abajo?
Cuando utilizamos una regleta conectada a un sensor de fuerza encontramos habitualmente dos configuraciones. En la primera, el sensor se sitúa por encima del deportista y este aplica fuerza hacia abajo. En la segunda, el sensor se encuentra anclado cerca del suelo y el deportista aplica fuerza hacia arriba. Ambas configuraciones son habituales tanto en el ámbito del entrenamiento como en el de la investigación aplicada.
Desde un punto de vista físico ambas permiten cuantificar la tensión generada sobre el sistema. Sin embargo, la forma de producir esa tensión no es exactamente la misma y existen algunas diferencias prácticas que conviene tener en cuenta.

Cuando el sensor se sitúa por encima del deportista y este tira hacia abajo, la acción suele percibirse como más específica respecto a la escalada. Las posiciones corporales empleadas son similares a muchas de las utilizadas durante la práctica real y, además, el escalador puede aprovechar parcialmente la interacción con su propio peso corporal para generar tensión sobre el sistema. Esta circunstancia hace que muchos profesionales consideren este tipo de configuración más representativa de las demandas reales del deporte. Sin embargo, esta mayor especificidad también presenta algunas limitaciones. La primera es puramente logística: requiere disponer de un punto de anclaje elevado, estable y suficientemente seguro. Aunque esto puede resultar sencillo en algunos rocódromos, no siempre ocurre lo mismo en centros de entrenamiento, gimnasios generales o consultas de fisioterapia. Además, determinadas limitaciones funcionales o lesiones de hombro pueden dificultar la realización cómoda de este tipo de pruebas.
Por otro lado, los sistemas en los que el deportista tira hacia arriba suelen presentar ventajas importantes desde el punto de vista práctico. El montaje es normalmente más sencillo, requiere menos infraestructura y puede utilizarse prácticamente en cualquier entorno. Esta facilidad de uso explica en parte su enorme popularidad entre entrenadores y escaladores que realizan valoraciones de forma habitual. Además, determinadas situaciones clínicas pueden hacer recomendable esta configuración. Algunos deportistas con molestias en el hombro pueden tolerar mejor posiciones de tracción realizadas desde abajo. Del mismo modo, la posibilidad de modificar fácilmente la posición corporal o la altura de trabajo puede facilitar la adaptación del protocolo a las necesidades individuales de cada sujeto. No obstante, tampoco debemos asumir que esta opción está exenta de inconvenientes. Algunos escaladores pueden presentar molestias lumbares o dificultades para adoptar determinadas posiciones durante el tirón ascendente, especialmente cuando se utilizan niveles elevados de fuerza. En estos casos una configuración superior puede resultar más cómoda y segura.
Entonces, ¿qué sistema deberíamos elegir?
Llegados a este punto muchos lectores esperarán una respuesta definitiva sobre cuál de las dos configuraciones es superior. Sin embargo, probablemente esa no sea la pregunta más adecuada. Si bien es cierto que los protocolos realizados tirando hacia abajo pueden presentar una mayor especificidad respecto a la escalada y una mayor validez ecológica, también es cierto que los protocolos realizados tirando hacia arriba, suelen ofrecer ventajas importantes en términos de accesibilidad, facilidad de montaje y versatilidad de uso.
La realidad es que, para la mayoría de aplicaciones relacionadas con la valoración del rendimiento y el seguimiento del entrenamiento, ambas opciones pueden resultar perfectamente válidas siempre que el protocolo esté correctamente definido y se mantenga de forma consistente en el tiempo. Por ello, la elección debería depender principalmente de criterios prácticos como la seguridad, la comodidad del deportista, la disponibilidad de material, la existencia de lesiones o limitaciones funcionales y la capacidad para reproducir exactamente las mismas condiciones en futuras evaluaciones.
Como ocurre con muchos otros aspectos relacionados con la valoración de la fuerza isométrica máxima de agarre en escaladores, probablemente no exista una opción universalmente superior. Existe, más bien, una opción más adecuada para cada contexto concreto. Una vez seleccionada, lo verdaderamente importante será mantenerla de forma consistente para que los resultados obtenidos puedan compararse e interpretarse correctamente a lo largo del tiempo. Al fin y al cabo, la utilidad de un test no depende únicamente de su diseño, sino también de nuestra capacidad para repetirlo siempre bajo las mismas condiciones.
Si algo nos enseñan estas primeras entregas es que medir fuerza de agarre en escaladores es bastante más complejo de lo que podría parecer a simple vista. Detrás de un simple valor expresado en Newtons existen numerosas decisiones metodológicas que condicionan tanto la medición como su interpretación.
En las próximas partes seguiremos profundizando en algunos de estos aspectos para comprender mejor qué información nos aportan realmente estos test y cuáles son sus principales limitaciones.
Bibliografía recomendada
Schaefer, L. V., & Bittmann, F. N. (2017). Are there two forms of isometric muscle action? Results of the experimental study support a distinction between a holding and a pushing isometric muscle function. BMC Sports Science, Medicine and Rehabilitation, 9, 11.
Schaefer, L. V., & Bittmann, F. N. (2017). Holding and pushing isometric muscle actions influence the neuromuscular control differently. Journal of Electromyography and Kinesiology, 36, 27–34.
Bittmann, F. N., Schaefer, L. V., & Wilhelm, J. (2018). Differences between pushing and holding isometric muscle actions. Frontiers in Physiology, 9, 582.
Michailov, M. L., Baláš, J., Tanev, S. K., Andonov, H. S., Kodejška, J., & Brown, L. (2018). Reliability and Validity of Finger Strength and Endurance Measurements in Rock Climbing. Research Quarterly for Exercise and Sport, 89(2), 246–254.



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